Querido diario

—Ese no fue un simple piquete —reclamó observando cómo retiraban la jeringa de su brazo—. ¿De verdad necesitan tantas muestras?

—Para los estudios que te harán, sí —respondió la enfermera, colocando los frascos con la sangre de Dhalia en el carrito médico que se encontraba a lado de la camilla—. ¿Cómo te sientes?

—Mareada.

—Me sorprendería si no. —Le extendió una botella con jugo de naranja—. Te ayudará a reponerte, pero igual sería bueno que durmieras un poco.

—Es lo único que puedo hacer estando aquí, ¿cierto? —Tomó un poco del jugo—. ¿Cuándo estarán los resultados?

—Mañana, cómo a las tres. El doctor los revisará y después hablará contigo y tus padres.

—¿Puede ser sincera conmigo? —Fijó la vista en su botella de jugo—. ¿Qué es realmente lo que tengo?

—No puedo darte un diagnóstico, los síntomas que presentas involucran varias enfermedades, por eso se te harán varios estudios.

—¿Y usted qué cree que sea? —preguntó alzando la vista hacia su enfermera—. ¿Leucemia, tal vez?

—¿Crees que eso es lo que tienes?

—No lo sé, pero es un hecho que me voy a morir.

—Todos lo haremos en algún punto, pero tú no lo harás ahora, te lo aseguro. —Tomó el carrito y comenzó a empujarlo afuera del cubículo—. Seré tu enfermera por estos dos días de estancia, así que si necesitas algo, solo dime.

—¿Cuál es su nombre?

—No me llames de “usted” que no te llevo ni diez años —replicó esbozando una sonrisa—. Soy Eir.

—¹El nombre te queda.

—Gracias. Oh, lo olvidaba —dijo para tomar de la bandeja inferior del carrito un pequeño cuaderno y un lapicero—, tu madre pidió que te lo entregara y que por nada del mundo lo leyera. Supongo que es tu diario.

—Algo así. —Tomó las dos pertenencias que Eir le extendió—. En realidad es la primera vez que escribo uno, no le encontraba sentido hacerlo, pero una parte de mí quiso documentar esto —dijo señalando con una de sus manos el cubículo del hospital.

—Estoy segura de que te ayudará. Vendré a verte más tarde, termina ese jugo y descansa.

Dhalia asintió con la cabeza para ver a su enfermera desaparecer entre el pasillo que conectaba todos los cubículos del tercer piso de aquel hospital. El olor a alcohol y el sonido de las distintas máquinas de control conectadas a otros pacientes la aturdían, a pesar de que solo estaría ahí dos días sentía que el tiempo se le hacía eterno entre las quejas de dolor de sus compañeros enfermos de piso. Respiró profundamente y se talló la cara con ambas manos antes de tomar su cuaderno y abrirlo, esperando distraerse de aquel estresante ambiente con su “bitácora de muerte”.

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・⚘๑│Miércoles 02 ✿ 07:23 horas │๑⚘・

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El brazo me duele como si me lo hubiesen cortado, la aguja me atravesó dos veces ya que a la primera mi sangre no se pudo drenar, agradezco que al segundo pinchazo pudieran tomar las muestras porque no iba a soportar un tercer intento con el tamaño de esa aguja. Nuevamente estoy en el hospital, los exámenes que me hicieron la semana pasada descartaron la anemia, pero el doctor vio algo que no le gustó, así que me programó otros estudios generales para ya tener un diagnóstico oficial.

A diferencia de la semana pasada, esta vez debo quedarme en el hospital para estar bajo observación en caso de que los síntomas se compliquen, lo cual espero que no pase, suficiente tengo con no poder respirar bien por momentos como para que mi cuerpo decida joderme con algo más. Sinceramente le apuesto a la leucemia, he investigado un poco y comparto algunos síntomas, no es que me tome a la ligera el hecho de que me puedo morir, pero quiero ser realista y sé que tener falsas esperanzas no va a servir de nada cuando todo indica que tengo el tiempo contado.

Mientras espero mi sentencia de muerte, tengo que soportar el trauma de estar en un hospital, el sonido de las máquinas es irritante por no hablar del horrible olor a medicinas. Tengo que estar sola aquí, no dejaron que mi mamá entrara ya que soy mayor de edad y en teoría puedo hacer mis exámenes sola, se supone que la dejarán pasar más tarde y aprovecharé para presentarle a mi enfermera, Eir; es un poquito más alta que yo, me dijo que es de ascendencia asiática y eso es muy notorio por sus ojos rasgados, tiene un largo y liso cabello de un hermoso color negro (le preguntaré después si es su color natural o si lo tiene teñido) y tiene un lunar en la mejilla derecha que transformó en un pequeño corazón con la ayuda de un delineador para ojos. Estoy segura de que Eir es una buena persona y será mi única compañía durante estos dos días, así que espero llevarme bien con ella…

๑ ๑ ๑

Detuvo su escritura al recibir una bandeja con lo que sería su desayuno del día: un sándwich de jamón y queso con algo de lechuga, una manzana, un plátano cortado en rodajas, una papilla de color café y un vaso con jugo que a ojos de Dhalia parecía ser solo agua con colorante. Cerró su cuaderno dejando dentro su lapicero para no perder la página en la que se había quedado, examinó minuciosamente cada capa del sándwich antes de probarlo, pero no pudo darle mordida alguna ya que su atención fue robada por aquella extraña papilla; la removió con su cuchara y llevó un poco a su nariz para olfatearlo sin encontrar olor alguno, dejando salir un suspiro antes de probarlo y poner una expresión de disgusto, perdiendo por completo el apetito.

—Querido diario, la comida de hospital es un asco.

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—No es normal que bajes a visitar a los mortales cuando tu tiempo está ocupado en su totalidad por nuestros inquilinos.

—Me enviaron ahí, Alonzo —respondió Eir mientras llenaba una ficha en la recepción—. Hay un caso especial.

—¿Otro paciente?

—No es nada seguro, pero hay una probabilidad muy alta de que lo tenga.

—¿Cuál es su edad?

—Dieciocho. No sería nuestra paciente más joven, pero…

—No tendría que estar aquí —comentó Alonzo mientras se cruzaba de brazos—. El cuarto piso de este hospital no debería tener tantos pacientes.

—Ningún piso debería tenerlos. —Dejó salir un suspiro—. Mejor cambiemos de tema, no quiero recordar lo desgastante que es nuestra profesión.

—Como gustes, coreanita. Solo una última pregunta, ¿cuándo tendrán los resultados de esa chica?

—Mañana y si en verdad es esta enfermedad, Aaron le dirá a los padres que la ingresen al programa. ¿Puedes leerme las cartas y decirme si tendré una nueva paciente aquí?

—Mejor te hago una lectura para ver si te consigues un sugar —respondió sacándole una pequeña risa a su compañera—. Todo estará…

Varios enfermeros y un par de doctores corrieron a toda prisa captando la atención de Alonzo y Eir.

—Es un código azul, ¿verdad? —preguntó la mujer antes de ir apoyar a sus compañeros, siendo seguida de Alonzo cuyo silencio fue suficiente para responder.

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・⚘๑│Lunes 14 ✿ 14:45 horas │๑⚘・

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Sé que no he escrito por varios días, no tenía ánimos de hacerlo, tan solo estaba tratando de sobrevivir a la asimilación de mi estado. Me voy a morir, eso es un hecho, pero no por la enfermedad que creía.

Los resultados de todos los exámenes que me hicieron indican que tengo fibrosis quística, una enfermedad que afecta a mis pulmones por una mucosidad excesiva, pero también afecta a cualquier fluido que produzca, incluyendo el sudor y los jugos gástricos. Ahora que tengo el diagnóstico, todo tiene sentido, creí que tenía anemia por lo débil que me sentía cuando en realidad mi cuerpo no estaba digiriendo bien la comida; me cuesta respirar y creí que se debía a alguna infección, pero resulta estoy propensa a una obstrucción pulmonar. Me puedo morir por desnutrición y me puedo morir por asfixia gracias a una sola enfermedad, no sé si prefiero esto a tener leucemia.

Aaron me dijo que no hay cura alguna para la fibrosis, se puede controlar con medicamentos, pero es algo con lo que tendré que aprender a vivir lo que me resta de existencia. Pude salir del hospital y regresar a casa para morirme en mi habitación, pero Aaron le sugirió a mis padres ingresarme al programa de observación del cuarto piso del hospital, dijo que ahí me podía quedar ingresada para ser monitoreada por él y los enfermeros, dándome unos medicamentos experimentales, en pocas palabras, para ver si la fibrosis puede ceder al ochenta por ciento.

Me convertí en una rata de laboratorio.

Según Aaron ya tuvieron casos de éxito, pero la mayoría fueron casos en dónde el tratamiento no funcionó, temo ser parte de ese montón y solo ser medicada a lo imbécil mientras permanezco encerrada en este hospital, pero para mis padres esto fue una luz de esperanza entre tanta oscuridad que no dudaron en ingresarme aún habiendo escuchado los riesgos de empeoramiento por una reacción negativa al tratamiento; bien pude negarme y al doctor no le quedaría de otra más que acatar mi voluntad por ser mayor de edad, pero la expresión de mis padres al saber que podía tener una oportunidad de salvarme es lo que me hizo aceptar.

Llevo ya diez días internada. No es tan malo como parece, a diferencia del tercer piso esa vez tengo una habitación para mí sola, es pequeña, pero es lo suficientemente acogedora para estar encerrada, además de que no hay quejas u olor a alcohol que me puedan aturdir. Estando aquí volví a ver a Eir, es enfermera de base para pacientes con fibrosis quística, me confesó que la semana pasada la enviaron a monitorearme porque ya sospechaban que tenía esta enfermedad, pero no podía decirme nada; ahora ella es mi enfermera definitiva, lo cual agradezco porque me hace bien tener una cara conocida cerca.

No sé cuánto tiempo estaré aquí, pero morir no es tanto lo que me preocupa ya que había estado mentalizándome para recibir una noticia como esa. En realidad lo que ahora me tiene ansiosa es una persona a quien hasta hoy no he tenido el valor de decirle la verdad.

✿ ✿ ⁠✿

—Con eso es suficiente —comentó Eir al apagar la máquina de nebulización de Dhalia—. ¿Sientes mejor el aire? —preguntó al retirarle la mascarilla.

—Ojalá pudiera volver a respirar tan bien como ahora. —Se levantó de la cama para estirar los brazos hacia arriba—. ¿Estoy mejorando o estar aquí es solo una pérdida de tiempo?

—Acabas de decir que puedes respirar, esa es una mejora.

—Lo es hasta que el moco vuelva a obstruir el aire.

—No dejaremos que eso pase. —Colocó una bandeja con varias pastillas sobre la mesa de la habitación—. ¿Te ayudo a ordenarlos?

—Creo que puedo hacerlo yo sola —dijo para acercarse a la mesita—. Gracias, Eir.

La mujer asintió para extenderle una paleta de caramelo con forma de corazón.

—Feliz San Valentín, Dhalia.

La joven cerró la puerta de su habitación una vez que la enfermera salió, debido a que en ese piso solo habían pacientes de fibrosis tenía que mantener la puerta cerrada el mayor tiempo posible. Respirando profundamente Dhalia volvió a acercarse a la mesa para observar las pastillas que tendría que ingerir en el transcurso de la semana, los nombres eran algo difíciles de recordar, así que trató de memorizarlos por el color y tamaño de cada una; acercó sus pastilleros dispuesta a dividir sus medicamentos entre los siete días de la semana, hasta que un par de gritos provenientes de afuera llamaron su atención. Creyó que tal vez se trataba de otro código azul, pero no tardó en reconocer aquella voz que exigía información, provocando que los latidos de su corazón aumentaran su intensidad.

—¡Dhalia! —llamó al abrir la puerta con fuerza, asustando a la pelirroja.

Eir y Alonzo tratando de retener a la chica de ojos marrones temiendo que pudiera dañar a su paciente por lo alterada que estaba, pero fue la misma Dhalia quien les pidió que la soltaran y las dejaran solas. Eir no quiso retirarse, pero terminó cediendo ante la mirada de súplica de la joven, por lo que permaneció de pie afuera de la habitación para asegurarse de entrar a prisa en caso de escuchar que las cosas se complicaran.

Adentro el silencio reinó por varios minutos. Dhalia no era capaz de ver a Liv a los ojos, por lo que solo podía sentir la mirada de reproche que ella le puso encima. Sabía que tarde o temprano tendría que enfrentarla, pero no esperaba que fuera en ese momento cuando aún no sabía qué palabras usar.

—Liv… —El golpe que sintió en la mejilla le impidió continuar.

—Te odio.

—Lo sé —dijo con sinceridad mientras llevaba una mano a su mejilla rojiza—. ¿Cómo me encontraste?

—Yo seré quien haga las preguntas. —Empuñó las manos—. ¿Cuánto tiempo llevas enferma?

—Diciembre, inició con el resfriado que tuve antes de navidad. El diagnóstico lo tuve hace poco.

—¿Cáncer?

—Fibrosis quística.

—No tiene cura, Dhalia.

—Trato de no pensar en ello.

—¿Cuándo pensabas decirme?

—¿La verdad? —Liv asintió—. Nunca.

—¿Por qué no…?

—¡Estoy enferma, Liv! En uno de estos días puedo morir y no iba a permitir que te la pasaras viniendo al hospital para verme, fingiendo que estás bien cuando tendrías que despedirte de mí. No quería hacerte sufrir.

—¿Y no te pusiste a pensar que en estos dos meses no hiciste más que dañarme? —Carraspeó al sentir que su voz comenzaba a quebrarse—. ¿De verdad creíste que mandarme a la basura como una estúpida fuckgirl fue lo mejor?

—Tenía que alejarte, Liv.

—¿Terminando conmigo de una forma patética? Ni siquiera fuiste capaz de darme la cara, ¡me terminaste por un maldito mensaje! —reclamó sin poder contener más sus lágrimas, dejando que toda la furia contenida saliera por fin de su ser—. Te llamé infinidad de veces, te mandé cientos de mensajes, fui a verte a tu casa sin importarme recibir los insultos de tu padre; día y noche hice todo lo posible por hablar contigo, te lloré todos los días durante los últimos dos meses mientras me preguntaba qué había hecho mal.

—Liv…

—Llegué a pensar que tu padre nuevamente te había amenazado y por fin había conseguido obligarte a terminar conmigo. Pensé tantas cosas y al final estuviste todo este tiempo lidiando con una enfermedad que no tiene cura, internándote aquí y fingiendo que jamás existí.

—¡No podía dejar que estuvieras a lado de una enferma!

—¡No es eso, Dhalia! ¡Tú solo piensas por ti y no eres capaz de considerar lo que piensan y sienten los demás!

—Entiende que es lo mejor para ti.

—¡A la mierda con eso! Te he dicho infinidad de veces que no importa lo que pase, siempre estaré contigo.

—Esto es diferente a las veces que hemos enfrentado a mi padre.

—¿Qué tiene de distinto? Aquí también corro el riesgo de perderte. —Se acercó a Dhalia, levantando una de sus manos para colocarla sobre la mejilla que minutos antes había abofeteado.

El simple contacto de Liv fue suficiente para que la pelirroja desechara su máscara arrogante para sentirse vulnerable ante su pareja. Sabía que se había ganado ese golpe, incluso esperaba tener el desprecio de Liv por lo que les restaba de vida, pero todas sus intenciones de mantenerse fuerte ante la idea de mantener alejada a la persona que amaba por su bienestar, se desvanecieron ante el roce del pulgar ajeno con su mejilla en aquella caricia que durante dos meses no había vuelto a recibir.

—Si en verdad me quieres lejos de ti, entonces termina conmigo de frente y no escondiéndote detrás de una pantalla. —Alzó la vista en busca de los ojos color miel de Dhalia, agradeciendo que en esta ocasión no le evadiera la mirada—. Me niego a aceptar que todo lo que construimos se vaya a la mierda de esta manera tan patética en la que quisiste darle un fin, pero si en verdad estás aferrada en alejarme, quiero me digas que me vaya y que no regrese, quiero que termines conmigo diciéndome que no me amas, pídeme que salga de tu vida y te prometo que cruzaré esa puerta y jamás volverás a saber de mí, pero solo lo haré si me lo pides viéndome a los ojos porque solo así sabré que me lo dices en serio. Dhalia… ¿qué quieres de mí?

En el instante en que Liv retiró su mano de la mejilla ajena, Dhalia la atrajo hacia ella aprisionándola en una abrazo cargado de dolor. Las lágrimas cayeron cual corriente de una cascada, llevando a Dhalia a un estado tan vulnerable provocando que sus alaridos de aflicción resonaran en toda la habitación sin importar que las personas de afuera pudieran escucharle. Liv la sostuvo en sus brazos, quebrándose en silencio en su propio llanto, cayendo lentamente al piso al mismo tiempo que Dhalia para aferrarla más a su regazo que sirvió de consuelo para su pareja.

—Lo siento… lo siento… lo siento… —Se aferró con más fuerza de Liv—. No quiero que te vayas, pero no quiero ser tan egoísta al pedirte que te quedes a lado de una enferma que puede morir.

—No eres egoísta si soy yo quien quiere quedarse. Sin importar lo que pase…

Dhalia levantó la mirada, posando sus ojos enrojecidos sobre los ojos marrones de la castaña que igual estaban llenos de agua.

—Perdóname, Liv.

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・⚘๑│Lunes 14 ✿ 22:05 horas │๑⚘・

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Querido diario, esta noche por fin te hablaré de la persona que me regaló este cuaderno, trayéndote conmigo. Es la misma persona que temí enfrentar durante estos dos meses y es la única persona que pudo ser capaz de adueñarse de mi corazón. Ella es mi todo y por un error mío estuve a punto de perderla, pero ahora tengo una deuda muy grande con el universo por haberla traído a mi lado esta tarde para nunca más volverse a ir.

Su nombre es Liv.

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¹El nombre Eir significa «misericordia» en nórdico antiguo. Este era el nombre de una diosa escandinava de la curación y la medicina.

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