La luna y el hada
El movimiento de su pie había incrementado a tal grado que el roce de su zapatilla con el piso comenzó a dejar un sonido notorio en la sección de la cafetería donde esperaba ansiosa la llegada de la persona que le haría compañía en esa tarde nublada. Decir que estaba nerviosa no sería suficiente para describir el caos que en ese momento era la mujer que siempre había sabido guardar la compostura gracias a su profesión de maestra, excepto cuando se trataba de un plan romántico organizado a escondidas por parte de su hermanita.
Durante año y medio Kaede había intentado que su hermana mayor conociera a otras personas tras su última relación, quería verla feliz a lado de alguien que supiera amarla y valorarla tal como era, pero para su desgracia Aguri había decidido no volver a tener una relación, al menos durante un tiempo indefinido. Kaede entendía los motivos de su hermana de estar sola, ella en su lugar también hubiera hecho lo mismo, pero estaba segura de que allá afuera, en algún lugar lejano o cercano, había alguien que correspondería a los sentimientos de Aguri de la misma manera en la que ella siempre había soñado en ser amada.
—En ese caso, ¿por qué no la ayudas a encontrarlo? —preguntó Nakamura, su compañera de clases en la secundaria a la que asistía—. Puedes crearle una cuenta en una de las tantas plataformas para citas que existen y seleccionar a los mejores postores que muestren interés en la profesora.
—Lo he pensado —respondió Kaede al tiempo que jugaba con sus propios dedos—, pero estoy segura de que mi hermana me mataría si se entera que tiene un perfil en Tinder gracias a mí.
—No tiene porqué enterarse si no pones el nombre de la profesora en ese perfil —comentó Karma, quien se encontraba de pie frente a la ventana contigua a la mesa donde sus compañeras platicaban, observando el paisaje del campus por la mañana—. Regístrala con un pseudónimo y así nadie sabrá que esa cuenta es de la profesora Aguri.
—Pero en esos lugares será complicado que alguien nos contacte si la registro con un apodo extravagante.
—No necesariamente, el nombre es importante, pero lo que a esos sujetos les interesa son las características de la persona para tener una cita —explicó el joven para cruzarse de brazos—. El ejemplo claro es Nagisa, muchos quieren salir con él y su cuenta en Tinder la registré cómo “chico andrógino”.
—¿Que hiciste qué? —preguntó el ojiazul al entrar al salón de clases, escandalizado por la confesión que escuchó de su compañero—. Karma, ¿me hiciste una cuenta en Tinder?
—Alguien tenía que explotar tus rasgos finos, además tu número solo se lo estoy dando a pretendientes que valen la pena, como ese chico Yūji que no ha dejado de decir que quiere llevarte de fiesta a una isla privada.
—¡Eres un idiota, Karma! —reclamó el joven al aventarle su mochila para después acercarse al pelirrojo tratando de asestarle un golpe—. Por tu culpa he estado recibiendo llamadas desconocidas hasta en la madrugada —dijo mientras forcejeaba con él.
—Cálmate Nagisa, algo bueno saldrá de esto.
—¿Qué puede ser bueno en esta tontería?
—Yūji. Tiene mucho dinero, estoy seguro de que pagaría una fortuna por una foto tuya usando un vestido.
—¡Voy a matarte!
Las dos chicas no pudieron evitar reír ante la discusión de sus compañeros.
—Aunque las bromas pesadas de Karma suelen ir más allá, la idea que te dio es muy acertada —comentó Nakamura para fijar la vista en la castaña—. Si vas a crearle una cuenta a la profesora en Tinder o en cualquier otro lugar, hazlo con un nombre falso, nosotros podemos ayudarte a seleccionar a los pretendientes que se vean aceptables para ella.
—Pero eso no será lo más difícil, ¿cierto? —mencionó Karma al tiempo que le hacía una llave china a Nagisa que no tardó en deshacer gracias al golpe en el estómago que recibió por parte del ojiazul.
—Me temo que no —respondió Kaede antes de dejar salir un suspiro—, lo complicado será convencer a mi hermana de salir.
Tres días después la joven se descargó varias aplicaciones de citas en su celular que fueron sugeridas por Karma y con ayuda de Nakamura y Nagisa le crearon una cuenta en ellas a su hermana bajo el nombre de Kayano. Aprovechando que era la primera semana de clases y aún no tenían tantos deberes, los cuatro jóvenes se dedicaron a filtrar las solicitudes que llegaban hasta que dieron con un pretendiente que estaban seguros le iba a agradar a su profesora.
«Pagarás por esto, Kaede», pensó Aguri mientras veía la pantalla de su celular.
Había quedado de ver a Kaede en la cafetería que solían frecuentar, justo cuando saliera del laboratorio donde trabajaba los fines de semana. La joven le pidió cargar un vestido rosa con blanco para que se arreglara al salir del trabajo con la excusa de que se tomarían fotos para subir a Instagram, pero cuando Aguri llegó al punto de encuentro recibió un mensaje por parte de su hermanita en dónde le explicaba que su cita de esa tarde no sería con ella, sino con un pretendiente que ansiaba conocerla.
Se levantó del lugar donde estaba, dispuesta a regresar a su casa, pero sabía que sería muy descortés de su parte irse sin aclararle a ese extraño que todo fue un malentendido, así que tomó asiento nuevamente para esperar a su cita a ciegas… pero nunca llegó.
—Ese maldito —susurró Kaede para fijar la vista en su hermana—. Me dijo que de verdad quería verte, que esperaba con ansias esa cita.
—Te mintió de la misma manera en la que tú le mentiste a él. ¿Por qué me hiciste una cuenta en un sitio de citas?
—Quiero que seas feliz a lado de alguien.
—Ya hemos hablado de esto. No quiero una relación en estos momentos, soy feliz conociéndome a mí misma sin tener la responsabilidad de una pareja; soy feliz siendo maestra en Kunugigaoka, trabajando en el laboratorio y teniéndote a ti.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué insistes en buscarme un novio?
—No quiero que la mala experiencia que tuviste con Yanagisawa te haga cerrar las puertas al amor.
—Kaede…
—No me vengas con el sermón de siempre —interrumpió.
—¿Y qué quieres que haga? No encuentro otra forma de hacerte entender que eso no va a pasar y aunque así fuese, no es necesario tener a una persona a tu lado para ser feliz. Entiendo que te preocupes por mí, pero esto ya es demasiado.
—Te juro que no era mi intención, Nakamura me convenció y Karma me dijo que esos sitios…
—Un momento, ¿involucraste a alguien más? —preguntó escandalizada—. ¿Quiénes tuvieron qué ver en esto?
—Solo ellos dos y Nagisa.
—¿Por qué?
—También quieren verte con alguien.
—La situación sentimental de los adultos no es algo que les incumba a niños de secundaria. Además, sabes perfectamente que la relación profesor-alumno que tengo con ellos no debe cruzarse —regañó a la joven quien fijó la vista en su celular cuya pantalla se había encendido—. Ahora sí fuiste demasiado lejos, Kaede.
—Hermana…
—Espera, aún no termino de…
—¡Hermana! —Le mostró su teléfono.
—¿“Shinigami”? —leyó de la llamada entrante que indicaba la pantalla—. ¿Quién es?
—El chico de Tinder.
Ambas permanecieron en silencio por unos segundos en los que el teléfono de Kaede no dejó de vibrar.
—No te atrevas a contestar.
—¿Por qué? Tal vez quiera disculparse por dejarte plantada.
—No me interesa, no quiero saber nada de ese sujeto y más vale que elimines todas las cuentas que me crearon.
—Te prometo que lo haré, pero contéstale. ¿No dijiste que lo esperaste para disculparte por el malentendido? Esta es tu oportunidad de hacerlo.
—Pero…
—Contesta —exclamó para aceptar la llamada y extenderle rápidamente el celular a su hermana.
Aguri entró en pánico por un momento al ser acorralada de esa manera por Kaede, no quería hablar con ese desconocido, pero su hermanita dio en el clavo al recordarle porqué se había quedado dos horas en la cafetería. Respiró profundamente antes de llevar el teléfono a su oreja, escuchando solamente silencio en el otro lado de la llamada.
—Buenas noches —saludó el desconocido después de un par de minutos.
—Buenas noches.
—¿Usted es la señorita Kayano?
—¿Kayano? —Fijó la vista en Kaede quien le asintió rápidamente con la cabeza—. Sí, supongo que usted es Shinigami.
—Algo así. Escuche, de verdad lamento…
—¿Sabe? No es necesario que haga esto, todo es un malentendido.
—Por supuesto que lo es, por eso le pido que me permita terminar de hablar.
Aguri dejó salir un largo suspiro, de verdad quería mucho a su hermanita, pero en ese momento quería matarla por haberla metido en esa situación.
—De acuerdo, lo escucho.
—No me iré con rodeos, así que escuche con atención. La cuenta de Tinder no es mía, alguien más la creó y me organizó una cita a ciegas con usted. Le ofrezco una disculpa por las molestias.
—Lo siento, ¿qué? —preguntó confundida y sorprendida a la vez, esperando haber escuchado mal.
—Sé que suena como la peor excusa del mundo, pero le juro que es verdad. Revisé su perfil y en la descripción vi que tiene puesto que trabaja con adolescentes, supongo que es profesora y de ser así entenderá que ellos actúan por impulso.
—Más de lo que se imagina —respondió manteniendo la vista en Kaede quien no hizo más que mirar hacia otro lado al sentir la mirada acusadora de su hermana—. ¿Igual trabaja con adolescentes?
—Algo así, hay uno en particular que me ha metido en este embrollo. Él tiene una extraña manía con buscarme pareja.
—No me diga…
—Lo sé, es horrible lidiar con eso. Pensé que lo había hecho entrar en razón, pero en la tarde me dijo que me había conseguido una cita y no le creí hasta que volví con la cena y me mostró los mensajes que había tenido con usted. Salí a toda prisa a la cafetería, pero cuando llegué solo habían universitarios y uno que otro matrimonio. —Dejó salir un suspiro—. Volví a casa y le pedí a este mocoso que me diera su teléfono para poder marcarle y explicarle lo sucedido, así como para disculparme por esta broma de mal gusto.
Aguri permaneció en silencio, su semblante estaba serio, no denotaba ninguna reacción y eso preocupó a Kaede ya que no tenía la menor idea de lo que ese extraño le había dicho a su hermana.
—Señorita Kayano, ¿sigue ahí? —preguntó el hombre al no obtener respuesta alguna tras su explicación.
—Sí.
—Entiendo que esté molesta y confundida. Si pudiera hacer algo para compensar el desastre ocasionado por…
—Señor Shinigami…
—Dígame.
—¿Me creería si le digo que la adolescente que vive conmigo hizo exactamente lo mismo? —soltó sin más, fijando la vista en el piso.
—Cuando dijo “exactamente lo mismo”, ¿se refiere a que…?
—Me hizo un perfil a mis espaldas y me organizó una cita a ciegas del cuál no tuve conocimiento hasta que llegué a la cafetería, siendo engañada por ella.
Un silencio se hizo presente nuevamente en aquella llamada.
—¿Cuántos años tiene su adolescente, señorita Kayano?
—Quince, ¿y el suyo?
—Recién cumplió dieciocho —respondió el hombre antes de soltar una risa irónica—. Estos engendros son de lo peor —comentó sin ser capaz de presenciar la sonrisa que Aguri esbozó al escucharlo—. De verdad lamento mucho lo ocurrido.
—Yo lo lamento más.
—¿Quedamos sin rencores?
—Descuide, solo es un…
—Malentendido —dijeron ambos al unísono.
—En ese caso, fue un gusto aclarar las cosas con usted, señorita Kayano. Pase una muy bonita noche.
—Igualmente, señor Shinigami. Descanse.
—¡¿Eso es todo?! —exclamó Kaede al mismo tiempo que la voz de un joven se escuchó desde la otra línea con la misma interrogante.
—¿Por qué no la invitaste a salir?
—¿Ese tipo no te invitó a salir?
Tanto Aguri cómo Shinigami fruncieron el entrecejo al ver con sorpresa a sus acompañantes por la reacción que tuvieron y en ese instante la misma idea se les cruzó por la mente para poder terminar al fin con aquella llamada.
—Señorita Kayano, ¿le gustaría salir conmigo?
—Agradezco la invitación, señor Shinigami, pero me temo que no.

