Hojas de otoño | Capítulo 21. Coach.

—¿Me quieres escuchar? —El contrario lo ignoró por completo—. ¡Álvaro!

—¿Por qué me seguiste hasta aquí?

—¿Qué querías que hiciera?, ¿que me quedara ahí sin hacer nada? No estoy dispuesto a dejar que te quedes con una idea equivocada. Lo qué pasó ahí no es lo que crees.

—Todo parece indicar lo contrario.

—Álvaro, deja de estar de necio y escúchame, lo que te estoy diciendo es verdad.

—Sé muy bien lo que vi, ¿o acaso vas a negarlo?

—No voy a negar nada, pero tienes que deja que te explique lo que pasó.

Pascu se dejó caer sobre el sofá de su apartamento, llevando ambas manos a su rostro para cubrirlo en lo que respiraba profundamente.

—De acuerdo —se descubrió la cara—, escucharé lo que tengas qué decir.

—Antes de hacerlo, ¿de verdad confías en mí? Porque de lo contrario, no tiene caso que te explique todo si al final vas a creer en lo que viste.

—Sabes que soy capaz de meter las manos al fuego por ti.

—Bien, eso me da una certeza de que me vas a creer.

🍁

Miguel le marcó a Rodri para pedirle ayuda de manera urgente. Tanto él como Ramsés abrieron una convocatoria para dar clases de canto particulares a seis personas, de manera que cada uno atendería a tres; ese día en específico, Miguel se enfermó de gripe y no quería atender a la estudiante que iría por temor a enfermarla, pero tampoco quería cancelar la clase ya que le interesaba perfeccionar la afinación en la voz de esa chica, así que le pidió a Rodri que fuera el coach de su estudiante por ese día ya que el estudiante que Ramsés tenía estaba en un nivel más avanzado y no la podría atender.

Rodri aceptó sin problema, no era la primera vez que los ayudaba con alguna clase, así que solo requirió de una explicación rápida por parte de Miguel para que él pudiera planear la clase que daría, enfocándose en la afinación como le habían dicho. Antes de ir a la casa de Miguel, dónde daría la clase, le avisó a Pascu con la intención de ponerse de acuerdo con él para ir a cenar después de dicha sesión, quedando el actor de ir a buscarlo a casa de sus amigos a las ocho treinta, justo cuando la clase terminara.

—Hola, buenas tardes —saludó entrando al pequeño estudio de Miguel.

—¿Rodrigo Septién? —Preguntó la chica sorprendida a más no poder.

—Veo que me conoces —sonrió—, tu nombre es Lucía, ¿cierto? —La chica asintió—, gusto en conocerte, por hoy seré tu coach ya que Miguel se encuentra algo enfermo.

—Pero tú, ¿q-qué? —Dijo con dificultad sin poder creer que Rodri estuviera frente a ella—. Creo que escucho borroso... ¿escucho borroso?

Rodri no pudo evitar reír ante el nerviosismo de la joven.

—¿Podrás tomar la clase? —Preguntó alzando una ceja.

—Por supuesto que sí, es un honor que tú me des clases así que daré lo mejor de mí.

—Entonces vayamos a ello.

Lucía tenía diecinueve años recién cumplidos y había entrado a las clases de canto para tener una mejor preparación al momento de ir a alguna audición de teatro musical. Justo como Miguel había dicho, la chica necesitaba trabajar en algunos detalles de afinación para poder dar el paso a las técnicas de canto avanzadas, así que Rodri se puso en marcha a dar la clase que tenía preparada para la joven, agradeciendo que ella estuviera en la mejor disposición para aprender.

—Por alguna razón siento que tus clases son más duras que las de Miguel —comentó Lucía, llevando una de sus manos a su garganta para masajearla una vez que terminaron con la sesión.

—Es por la técnica que estás aprendiendo, de por sí requiere un esfuerzo de más; si Miguel te hubiera dado la clase, no cambiaría mucho la exigencia.

—Sabía que las clases de canto eran difíciles, pero no pensé que tanto.

Rodri se rió un poco para tomar asiento en la silla que estaba enfrente de la joven.

—Es duro, pero estás teniendo un progreso, al menos en esta clase conseguiste afinarte más y eso es un avance muy grande, capaz y en la siguiente clase Miguel ya empiece con las técnicas avanzadas.

—¿De verdad notaste un progreso? —Preguntó con un brillo en los ojos—, el que mi ídolo diga eso significa mucho —tomó su mochila y sacó su celular de uno de los bolsillos—. Aprovechando esto, ¿te molesto con una foto?

Rodri se levantó de la silla para acercarse a la joven, colocándose a su lado para abrazarla en lo que la chica tomaba la foto; al ser capturados, los dos vieron la imagen en el celular para asegurarse de que hubiese salido bien y, estando conformes con ello, Lucía se giró hacia Rodri con una sonrisa para agradecerle antes de tomar su mochila para colgarsela en el brazo izquierdo.

—Te acompaño a la salida.

Tras las palabras de Rodri, Lucía empezó a caminar en dirección a la puerta del estudio, pero tropezó con uno de los cables de la bocina que había ahí; al ver esto, el compositor sujetó a la joven de la cintura para evitar que se cayera, Lucía se sujetó de los brazos de Rodri y cuando alzó la mirada se percató de que estaba demasiado cerca del mayor, sonrojándose de inmediato por la posición en la que, por culpa suya, habían quedado.

—¿Estás bien?

—S-sí —respondió la joven tratando de esquivar la mirada del mayor.

Antes de que pudieran reincorporarse, la puerta del estudio se abrió dejando ver a Miguel y a Pascu que se quedaron sorprendidos al ver al compositor y a la chica de esa manera. El actor se dio la media vuelta para alejarse de la habitación a lo que Rodri dejó de sujetar a Lucía para salir del estudio en busca de su pareja, dejando a la joven explicándole a Miguel cómo habían terminado así.

—Álvaro —llamó el compositor mientras perseguía al contrario por la sala de aquella casa—, ¡Álvaro!

—¿Qué? —Se giró hacia Rodri.

—No es lo que parece.

—No me digas —se cruzó de brazos—. Ahora resulta que te gustan las jóvenes.

—¡No es así! Fue un accidente, lo juro.

—¿Ese accidente te dejó a punto de besarla?

—¿Estás desconfiando de mí? —Preguntó Rodri con incredulidad—. Nunca te di motivos para que lo hicieras, ¿por qué ahora dudas de mí?

—Buenas noches, Rodri —se volteó para abrir la puerta de la casa y salir de ahí.

Sin dudarlo, el compositor salió corriendo para alcanzar a Pascu, teniendo que tomar un taxi para ello ya que el actor había cogido uno antes de que Rodri pudiera llegar con él. Se terminaron bajando en el edificio donde se encontraba el departamento de Pascu y, por más que trató, él simplemente se negó a escucharlo, de manera que cuando el actor estuvo por cerrar la puerta tras de sí, Rodri metió el pie y empujó con todas sus fuerzas para poder entrar al lugar.

🍁

Pascu permaneció en silencio, manteniendo la mirada baja tras escuchar el relato de Rodri. Aquél enfado que tenía se fue desvaneciendo conforme el contrario le explicaba cómo pasaron las cosas, ahora solo se sentía como un completo idiota al haberlo celado de esa manera y, por un momento, llegar a desconfiar de él.

—No soy capaz de engañarte con alguien más, mucho menos con una persona a la que le puedo doblar la edad. Aunque se trate de un beso, no podría hacerlo, porque el único al que amo eres tú.

—¿Y me sigues amando pese a la forma en la que te traté?

—Realmente no tenías que ponerte de esa manera, actuaste de forma muy imprudente.

—Soy un idiota.

—Uno muy grande —Rodri tomó a Pascu del mentón para alzar su rostro hacia él—, pero eres el idiota que me enamoró —inclinó su cabeza para poder besar al contrario.

—¿Me perdonas? —Preguntó tras separarse del beso.

—Te va a costar.

—Haré lo que sea, solo pídemelo.

—Te lo diré después —se sentó a lado del actor—, por ahora solo quiero que me abraces y me prometas no volver a desconfiar de mí.

Pascu tomó a Rodri de las manos y depositó un beso en ellas antes de hablar.

—Este idiota promete jamás en su vida volver a dudar de ti.

—¿Y si vuelve a ocurrir?

—Entonces me ganaré tu desprecio y tendrás total libertad de terminar conmigo.

—Me alegra saber que esto no se volverá a repetir —dijo al tiempo que el actor lo envolvía en sus brazos—, pero, igual tú y yo nunca vamos a terminar, ¿verdad? —Preguntó, alzando la mirada para ver a Pascu a los ojos.

—Jamás.

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