Hojas de otoño | Capítulo 18. Bonjour.

—Te juro que todos los besos que nos dimos en los ensayos y todos los besos que nos daremos en el escenario, fueron y seguirán siendo actuados —explicó desde afuera de aquella casa mientras Ramsés la escuchaba atentamente desde la puerta—. No hay ninguna otra intención más que interpretar a nuestros personajes, no quiero nada con tu esposo y él tampoco quiere nada conmigo, solo somos amigos y coprotagonistas en esta obra, así que nuestra relación es meramente profesional.

—No era necesario que me dieras esta explicación, pero lo agradezco —sonrió—. De todas maneras, confío plenamente en ti y en mi esposo.

—Lo sé, pero siento el deber moral de recalcarte este punto en todo momento.

—Te estás martirizando demasiado, Clara —comentó Miguel para entrar a su casa, dejar su mochila de ensayo en el piso y acercarse a la puerta para tomar la mano de Ramsés—, sabe que nuestra relación es profesional y que mi corazón le pertenece solo a él.

—Lo sé, pero aún así, siento el deber moral...

—De recalcar el punto —dijo la pareja al unísono.

—Olvida este tema y enfócate en tu presentación de mañana —pidió Ramsés—, por fin estrenarán la obra, así que no pierdas la concentración en esto, ¿de acuerdo?

—Bien —suspiró—, pero si en algún momento sientes que los besos son reales...

—Te lo haré saber —comentó el cantante con una sonrisa—. Se nota que Rodri y tú son hermanos, ambos tienen el mismo nivel de ansiedad.

—Fingiré que no escuché eso —consultó la hora en la pantalla de su celular—. Ya dije todo lo que tenía qué decir, así que me iré.

—¿Tan rápido? —Preguntó Miguel.

—Es que quedé con Rodri en ir a cenar, dijo que quiere ayudarme con los nervios de presentación o algo así, aunque es más que obvio que él está más nervioso que yo —comentó haciendo reír a la pareja—. Nos vemos mañana —se despidió con un ademán para retirarse de ahí.

🍁

—Eres bella y no me refiero a lo hermosa que eres, eso se sabe, es de familia; me refiero a que eres Bella, la protagonista —colocó sus manos sobre los hombros de su hermana—, eres la actriz suprema que va a destrozar a todos ahí dentro.

—Rodri, sé que tu intención es darme ánimos y lo agradezco, pero me estás ocasionando más nervios de los que ya tengo.

—Lo siento —soltó a Clara—, es solo que anoche nos entretuvimos tanto en la cena que ya no pude decirte nada.

—Siendo sincera, me viene bien escucharte hasta ahora —le mostró una de sus manos que levemente estaba temblando—, aunque esta sensación no puede quitarse con nada.

—Es parte de la magia de actuar en un show.

Eran las once cuarenta y cinco de la mañana y ambos se encontraban afuera del teatro en dónde más tarde se llevaría a cabo la presentación de “la bella y la bestia”; Rodri había acompañado a Clara para ayudarla a cargar con sus vestuarios y de paso desearle suerte a su hermana para su gran presentación.

—Bien, hasta la noche.

—Estaré en primera fila, muero por verte actuar.

—¿A mí o a Pascu?

—A los dos, pero más a ti, eres mi hermana.

—Y él tu novio, además no me engañas, sé que quieres verlo actuar como Gastón.

—Y quiero verte a ti actuar como Bella. Escucha, muero por ver a Pascu en escena, eso es verdad, pero contigo, decir que estoy nervioso se queda corto.

—¿Por qué?

—Llevas casi año y medio sin actuar en una obra, así que cuando dijiste que ibas a audicionar, me emocioné mucho y ni hablar de cuando mencionaste que ibas a pelear por Bella; vas a volver al escenario y con un protagónico que fue hecho para ti. Si no te dije nada durante estos meses de montaje, fue porque...

—¿Vas a llorar? —Preguntó sorprendida.

—N-no —tomó una bocanada de aire—, tal vez... por eso no te dije nada hasta hoy —explicó mientras trataba de controlar sus emociones—. Estoy muy orgulloso de ti.

Clara esbozó una enorme sonrisa para abrazar a su hermano con fuerza.

—Gracias, Rodri.

Mucha mierda, Clara.

🍁

Siete treinta de la noche, afuera del teatro se encontraba una larga fila de personas que ansiaban presenciar aquella puesta en escena que habían promocionado quince días antes del estreno. Los primeros en estar formados eran Ramsés, Rodri y Miguel Carbajo quienes, al entrar al teatro, se sentaron en las butacas de la primera fila que correspondían a los boletos de cortesía que los actores les habían conseguido.

Si bien Ramsés y Carbajo estaban emocionados por ver a sus amigos actuar, Rodri estaba hecho una bomba de nervios, no solo por ver a Pascu como Gastón, sino por ver a su hermana convertirse en una princesa de verdad; estaba tratando de calmarse hasta que dieron la tercera llamada y las luces del teatro se apagaron para dar inicio con la función, siendo Miguel Ángel el primero en aparecer para la narración del prólogo de la historia donde el príncipe fue hechizado para convertirse en una bestia.

«Aquí viene», pensó Rodri tras el cambio de escena, observando atento al escenario mientras una nueva canción empezaba a sonar.

Esta es mi pequeña aldea, un lugar cada día igual —comenzó a cantar Clara al salir a escena vistiendo el característico vestido azul con blanco de Bella—, con el sol se levantan todos, despertando así...

Con el remate de la canción se dio pie a esa escena en el pueblo donde todos los habitantes cantaban al unísono acompañando a Bella mientras iba en busca de un nuevo libro para leer. Todos los espectadores estaban fascinados con la armonía vocal que tenían los actores al cantar, resaltando a Clara cuya voz parecía la de un ángel que se podía destacar entre los demás.

Oh, es un gran romance. El apuesto príncipe llegó...

Rodri no pudo evitar que sus ojos se humedecieran al escuchar a su hermana cantar y disfrutar de su personaje, él mismo estaba sorprendido por lo detallado de aquella escena que podía jurar había sido sacada de la película animada para traerla a la vida; ahora comprendía por qué todos terminaban muy agotados tras sus ensayos y el resultado se veía reflejado en ese momento: habían estado trabajando en una obra de arte.

¡Caray! No has fallado ni un solo tiro, Gastón.

Al escuchar ese diálogo, Rodri estuvo a punto de gritar pues su pareja por fin había salido a escena y, justo como le había dicho meses atrás, el personaje de Gastón le quedaba a la perfección.

En el momento en que la vi me dije: ya no me puedo equivocar —más de uno dejó salir una expresión de sorpresa al escuchar el nivel vocal de Pascu, especialmente sus tres conocidos de la primera fila que no tenían la menor idea de lo mucho que había perfeccionado su entonación.

Pascu había hecho suyo a Gastón de la misma manera en la que Clara había hecho suya a Bella. No era la primera vez que los dos actuaban juntos en una obra, pero en esa ocasión fue diferente pues los dos habían adquirido un nivel actoral y vocal tan profesional, que se adueñaron del escenario de inmediato.

Bonjour.

—Perdón.

—¿Qué tal?

—Sí, sí.

—Salchichas frescas.

—¿A cuánto van?

—Gruyere.

—Azul.

—De aquél.

—Perdón.

—No sé si hay más.

—Dejen pasar.

Rodri amaba ese fragmento de la canción y fue tal su emoción que los vellos de sus brazos, e incluso de su barba, se le pusieron de punta.

—¿Podrá la vida darme algo más?

—Serás mi esposa, pronto lo verás.

La última estrofa de aquella canción terminó por romper al compositor, la sincronía de todas las voces hizo vibrar todo el teatro ocasionando que los aplausos se escucharan con tanta intensidad tras finalizar la escena, apagando las luces al tiempo que bajaban momentáneamente el telón para que los actores pudieran cambiar la escenografía.

—Apenas es el inicio y ya estás hecho un mar de lágrimas —susurró Ramsés, extendiéndole un pañuelo a Rodri.

—Lo dice el que igual va a llorar cuando vea a su esposo comenzar a actuar.

Y las palabras de Rodri fueron ciertas, ya que cuando Miguel volvió a salir en el escenario vestido como la bestia para decir su primer diálogo, Ramsés comenzó a sentir un nudo en la garganta, disimulando pésimamente sus ganas de llorar.

🍁

—¡Lo hice! —Exclamó Clara con alegría, abalanzándose sobre su hermano para abrazarlo con fuerza—. ¿Viste lo que hice ahí?

—Lo vi, lo disfruté y lo lloré —respondió teniendo los ojos aún llorosos y la nariz algo roja—. Te dije que los destrozarías a todos —comentó al separarse del abrazo para entregarle a su hermana una de las dos rosas restantes que había llevado al teatro, ya que minutos antes de que ella saliera del camerino, le había entregado una rosa a Miguel Ángel para felicitarlo—. Estoy infinitamente orgulloso de ti.

—Ahora a mí me vas a hacer llorar —sonrió para respirar profundamente, evitando derramar alguna lágrima—. Basta de halagos a mi increíble talento, esa es para Pascu, ¿cierto? —Preguntó señalando la rosa que Rodri aún conservaba en sus manos.

—Sí, pero se la daré después.

—Olvídalo, ve y dáselo ahora.

—Está con tu roommate —contestó refiriéndose a Miguel Carbajo quien, efectivamente, se encontraba hablando con Pascu.

—Eso se puede solucionar fácilmente.

Clara le guiñó el ojo a su hermano antes de ir hacia los dos susodichos para colgarse del brazo de Miguel y, tras intercambiar un par de palabras, se terminó alejando con Carbajo, dejándole el camino libre a su hermano. Rodri respiró profundamente para dirigirse hacia el actor, agradeciendo en el fondo la ayuda de Clara para dejarlos solos.

—¿Es cierto que eres el ser más guapo y más ligón? —Preguntó manteniendo oculta la rosa atrás de su espalda.

—Por supuesto, pero el título de “ligón” pienso dejarlo a un lado.

—¿Y eso a qué se debe?

—Resulta que conocí a alguien, que en el momento en el que lo vi me dije: ya no me puedo equivocar.

Rodri soltó una risa nerviosa al escuchar a Pascu decirle con seriedad aquella frase de la canción.

—Definitivamente eres Gastón.

—Y todo gracias a ti —mencionó para tomar la mano de Rodri y soltarla casi al instante para evitar que alguien de los que se encontraban afuera del teatro los viera.

—T-te traje esto —comentó para revelar la rosa que ocultaba y entregársela al actor—. Lo hiciste increíble y la palabra se queda corta, me encantó verte actuar y cada vez me convenzo más de que soy, y quiero seguir siendo, tu más grande fan.

Pascu tomó aquella rosa y esbozó una enorme sonrisa.

—Tengo tantas ganas de besarte ahora mismo, que me cuesta mucho no hacerlo.

—¿Y qué tal un abrazo? —Rodri extendió los brazos y Pascu se acercó a él para que pudieran abrazarse, siendo ese el único gesto público que podían darse—. Felicidades por el estreno, mi Gastón —le dijo en voz baja mientras se abrazaban.

—Muchas gracias, mi amor.

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