Hojas de otoño | Capítulo 05. Pastelillos.
—¿Cómo les fue ayer en la junta?, ¿decidieron cuál será el nuevo DLH?
—Nos quedamos con tres opciones así que vamos a analizar el nivel de dificultad de cada uno —respondió Rodri mientras le servía una taza de café a Ramsés.
—Igual todo depende de Pascu y los diseños que pueda hacer —comentó Clara quién se encontraba sentada a lado del cantante.
—Deberían cotizar el valor de sus manos, con el talento que tiene, todos ustedes podrían volverse millonarios.
—No me des ideas —tomó asiento a lado de su hermana—. Mejor cambiemos de tema y hablemos de la razón por la que estás aquí: ¿cuál es el siguiente paso de tu plan? Tienes mes y medio para organizar todo y todavía no nos dices en qué te vamos a ayudar.
—Lo sé, pero ya tengo su papel en este evento —le dio un sorbo a su café antes de continuar—, me encantaría que Clara y tú se encargaran de la decoración. Dejen volar su imaginación y hagan las cotizaciones de todo lo que necesiten, yo voy a cubrir los gastos.
—No hay problema con ello, pero creo que mejor nos das el presupuesto con el que dispones para esta parte, así Rodri y yo podremos acoplarnos a esa cantidad para poderte hacer una decoración a la medida y muy hermosa, claro está.
—Sabemos que no escatimas en gastos cuando se trata de Miguel, pero esta vez es mejor que fijes cantidades para cada cosa y reserves un poco para cualquier emergencia que llegue a surgir.
—Por eso vine con ustedes primero, ¿ya ven? Sabía que un detalle general me iban a corregir —sacó su billetera del bolsillo de su pantalón y, al abrirla, tomó una tarjeta blanca que le extendió a Clara—; esa es la dirección del lugar donde se hará todo, pueden ir a dar una vuelta para que tengan una idea de cómo hacer la decoración.
—¿La fecha es la misma? —Preguntó Rodri.
—Sí, el 17 de noviembre en la noche. Más tarde les mando por WhatsApp el presupuesto con el que disponen.
—Nos pondremos a trabajar de inmediato —comentó Clara para luego verificar la hora en su reloj de mano—. Se me hará tarde, lo siento chicos, debo irme, tengo una cita de trabajo qué atender —se levantó de su silla, tomando su bolso que había colgado en la misma—. Nos vemos, Ramsés —se despidió dándole un beso en la mejilla.
—Suerte.
—Gracias. Nos vemos, Rodri —dijo su nombre al tiempo que apretaba las mejillas de su hermano con una mano.
—Cuídate, Clara —respondió con dificultad por la presión de sus mejillas. Clara le dio un beso en la frente antes de soltarlo para después dirigirse hacia la puerta de la casa para ir su cita—. Algún día me dejará moretones —comentó mientras se tocaba las mejillas.
—No le des ideas —dijo Ramsés con una sonrisa—. Por cierto, hay algo más que me gustaría pedirte.
🍁
Entre una multitud de personas que realizaban sus compras o que simplemente andaban de paseo, Pascu caminaba entre ellos en busca de los insumos que le hacían falta para el cuidado de sus mascotas, ya que quería aprovechar las ofertas anunciadas en Facebook por una tienda especializada que se encontraba dentro del centro comercial. Cargando dos bolsas de color blanco con el logotipo de la tienda, decidió subir al segundo piso del edificio, aprovechando que estaba ahí, para ver si encontraba algo de provecho para su hogar.
—No es cierto —dijo en voz baja al detenerse frente a un establecimiento para luego sacar su celular y hacer una llamada—. ¡Rodri!
—Ese soy yo —respondió desde la otra línea.
—Y me alegro de que así sea, ¿estás ocupado?
—Ahora no, ¿por qué?
—Necesito que vengas al centro comercial de inmediato
—¿A qué se debe esa urgencia?
—No vas a creer lo que encontré.
—¿Comida?
—¡Sí! Pastelillos de la luna.
—¡Júralo!
—De verdad, los estoy viendo y se ven deliciosos —dijo esto último comenzando a salivar.
—¿En qué parte del centro estás?
—En la cafetería del segundo piso.
—Voy para allá.
Los pastelillos de la luna o pastelillos lunares son un postre típico de China que se suele hacer para el festival del medio otoño que se celebra en honor a la luna a inicios del mes de octubre. Si bien existen varias versiones de la leyenda sobre el origen de esta celebración y los pastelillos, la costumbre señala que se deben regalar estas galletas típicas a los demás para desearles una buena fortuna.
En la cafetería que Pascu indicó, decidieron respetar esta celebración así como enseñarle a las personas sobre la tradición, por lo que durante la primera semana de octubre estarían vendiendo esos pastelillos y a los dos artistas les dio la suerte de encontrarlos un día antes de que dejaran de hacerlo. Su pedido consistió de cinco pastelillos: uno de mermelada de zarzamora que dividirían a la mitad ya que era el último que les quedaba, dos tradicionales con yema de huevo de pato y dos dulces con chocolate, además de que ordenaron dos vasos de té helado para acompañarlos.
—Están tan bonitos que me da pena comerlos.
—Eso explica las casi veinte fotos que ya les tomaste —mencionó Pascu entre risas—, venga, vamos a probarlos de una vez.
—De acuerdo —tomó un pastelillo al mismo tiempo que el contrario hizo lo propio—. Uno.
—Dos.
—Tres —dijeron al unísono para darle un mordisco a sus pasteles.
La reacción de ambos fue exactamente la misma: cerraron los ojos y de inmediato pusieron una expresión de satisfacción mientras masticaban aquél bocado que habían dado.
—Esto es lo mejor que he podido comer en mucho tiempo —comentó Rodri para fijar su vista en el actor—. Pascu, ¿estás llorando?
—No, ¿por qué lo haría si esto es lo más maravilloso que he probado? —Dijo tratando de controlar su emotividad del momento.
Rodri no pudo evitar reírse por la reacción emocional de Pascu, no se cansaba de compararlo con un niño que apenas está descubriendo el mundo y esa característica era algo que adoraba de él debido a que le enseñaba a ver las cosas de otra manera y a valorarlas mucho más. Por su parte, Pascu esbozó una tierna sonrisa al ver al contrario reírse con plenitud, le gustaba que eso pasara ya que podía ver esa fase de Rodri que no era sería y que le transmitía felicidad y tranquilidad.
—Mierda, este es el de mermelada —exclamó Rodri observando el relleno del segundo pastelillo que había mordido—. Perdón.
—No te preocupes, pediré un cuchillo para cortarlo desde tu mordida.
—Olvídalo, te vas a complicar la vida y de todas formas no íbamos a utilizar un cuchillo, lo íbamos a dividir con las manos —le extendió el pastelillo—, comámoslo juntos.
Pascu se quedó sorprendido, intercalando la mirada entre Rodri y el pastelillo mordido por él. Aunque trataba de no demostrarlo, su mente le decía que por ningún motivo se atreviera a aceptar ese pastelillo pues no estaba seguro de poder sobrellevar otro beso indirecto por parte del cantautor.
Rodri lo miró extrañado al no recibir respuesta alguna, enfocando su vista en el pastelillo para ver qué es lo que estaba mal con él. Le tomó un par de minutos recordar que hace unos años Pascu le contó sobre la costumbre de los japoneses de llamar en los animes “beso indirecto” a la acción de compartir alguna comida o bebida que implicara el contacto de la boca de una persona en el mismo lugar donde la otra persona lo había hecho previamente, por lo que intuyó que Pascu no le aceptó el pastelillo por la misma razón y, al darse cuenta de ello, momentáneamente Rodri se sonrojó.
—Iré a pedir el cuchillo —mencionó con dificultad.
—¡No! —Exclamó el actor—, es decir... voy a...
—N-no tienes qué hacerlo si no quieres.
—Está bien... ¿está bien?
—S-sí.
Rodri le extendió nuevamente el pastelillo y Pascu lo tomó, dándose cuenta ambos de lo nerviosos que estaban pues podían ver la mano del otro temblar. Pascu miró el pastelillo y, respirando profundamente, lo llevó a su boca para darle un mordisco, justo a la mitad de uno de los lados dónde llegó la mordida de Rodri, por lo que el famoso contacto se pudo dar. Se vieron a los ojos y de inmediato esquivaron la mirada hacia lados contrarios para disimular el color rojizo que sus mejillas habían tomado.
—¿Se les ofrece algo más? —Preguntó una joven de cabello rubio que vestía el uniforme del lugar y portaba un gafete que dejaba ver el nombre de Emily en él.
Los dos reaccionaron para ver sus vasos vacíos y, sin planearlo, ordenaron a la misma vez.
—Un té helado, por favor.

