El último show | Capítulo 24. Humillación.

—¡Oye! —Helena colocó su pie entre la puerta y el marco de esta para evitar que se cerrara—. ¿Solamente te fuiste así sin más? —Preguntó entrando al departamento—. ¡Di algo! Tomaste un taxi y veniste aquí sin decir nada, tuve que manejar a toda velocidad para alcanzarte.

—¿Qué es exactamente lo que quieres que diga? —Preguntó Pascu manteniéndose de espaldas a ella.

—Lo que sea. Entiendo perfectamente que encontrar a Rodri con esa mujer fue sorpresivo pero...

—Si él decidió estar con Oli, es algo que no nos incumbe.

—Álvaro...

—Además, solo fuimos a ver a Rodri porque tú me convenciste de entregarle esas cartas.

—Sí, es cierto, acepto toda la responsabilidad; yo fui quien te dijo que se lo entreguemos, yo fui quien abrió la puerta de su casa con un pasador y allanamos su morada, es mi culpa que lo hayamos encontrado en un mal momento, ¡lo acepto! Pero si vas a estar molesto con alguien, que sea conmigo, no con él a quien no le diste oportunidad de explicarse.

—Iban a besarse —mencionó girándose para verla.

—¿Qué?

—Los vi. Estaban a punto de hacerlo hasta que yo los interrumpí, ¿cómo explicas eso?

—Tal vez ella lo provocó.

—¿Y él tenía qué corresponder?

—Las personas son débiles, más aún en una situación como esa y ten en cuenta que Rodri apenas está en una etapa de aceptación de sentimientos, es normal que esté confundido si aparece otra de sus ex parejas tan repentinamente.

—¿Entonces cada que le aparezca una ex pareja estará de esa forma? No trates de justificarlo.

—No lo hago, Álvaro, simplemente quiero que entiendas que debes darle la oportunidad de explicarse.

—¿Y también me explicará cómo consiguió el anillo? ¿O eso me lo explicarás tú? —Helena palideció al escucharlo—. Tú se lo diste, ¿verdad?

—¿Por qué crees que yo...?

—Rodri sólo estuvo una vez aquí y ni siquiera entró como tal, solo permaneció aquí en la sala porque se desmayó. Tú eres la única que pudo haber encontrado el anillo, así que te preguntaré de nuevo: le diste el anillo a Rodri, ¿cierto? —Helena asintió manteniendo la mirada baja—. Y aún así tuviste el descaro de fingir ayudarme a buscarlo —se dirigió a uno de los sofás para tomar asiento—. ¿Por qué lo hiciste?

—Creí que podría obtener respuestas y de esa manera ayudarte a recuperar a Rodri —respondió sintiendo cómo se le formaba un nudo en la garganta—. No sabía que ese anillo era tu amuleto y sé que hice mal en tomarlo sin tu permiso pero, no quiero que culpes a Rodri por las acciones que yo cometí. Recuperaré el anillo, no sé cómo lo haré pero te lo traeré de vuelta.

—No va a devolvertelo.

—Lo obligaré a hacerlo, lo robaré si es necesario «espera, Helena, eso es justo lo que no querías hacer».

—No es necesario, ya no importa.

—Pero, Álvaro...

—Quisiera estar solo, por favor.

Helena trató de hablar pero las palabras no le salían, quería acercarse al contrario pero su cuerpo se negaba a moverse en su dirección, tan solo bajó la mirada y se retiró a su habitación sintiendo una gran impotencia por no poder arreglar el error que cometió. En cuanto a Pascu, permaneció sentado en aquél sofá hasta que escuchó la puerta de la habitación de Helena cerrarse, momento en el cuál se recostó en el sofá colocando uno de sus brazos sobre sus ojos para respirar profundamente tratando de calmar todas las emociones que en ese momento lo tenían hecho un caos.

—¿Y ahora qué? —Susurró en voz baja tras escuchar que tocaran el timbre de su departamento pero, más tardó él en soltar un suspiro que en lo que empezaron a tocar directamente la puerta desde afuera con cierto frenesí—. Ya voy —exclamó levantándose del sofá mientras aquellos golpes aumentaban su intensidad—. Dije que ya... ¿Rodri? —Mencionó sin poder ocultar su sorpresa al ver al compositor frente a él, cubierto de sudor y con la respiración tan agitada que estaba aferrado al marco de la puerta con una mano para poder mantenerse en pie—. ¿Por qué estás...?

—¡Cállate!

—¿Perdón?

—¡Dije que te callaras! —Tomó una gran bocanada de aire para poder enderezarse en su lugar—. De verdad que eres un idiota, Álvaro.

—¿Veniste hasta aquí para insultarme?

—No te dije que hablaras —reprochó viéndolo fijamente a los ojos—. Eres un idiota e insensible que siempre actúa por impulso y nunca escucha lo que tienen qué decir los demás si tú ya sacaste una conclusión apresurada. ¡No, Álvaro! ¡No puedes actuar de esta manera! ¿Crees que es fácil entrar a mi casa sin mi permiso y dejarme las cartas que no tuviste el valor de entregarme para después marcharte como si nada? ¡No, Álvaro! ¡No puedes hacerlo! ¡No puedes hacerle esto a un idiota que está confundido! —Reclamó esto último con la voz a punto de quebrarse.

—¿Y qué querías que hiciera? ¿Que me quedara ahí mientras veía cómo te besabas con tu ex novia?

—No lo hice.

—Tampoco me iba a quedar para comprobarlo.

—Tampoco tiene caso que siga aquí —le extendió un paquete de sobres—. No eres el único cobarde que no fue capaz de enviarlas.

—Rodri... —no fue capaz de salir de su sorpresa al ver todas las cartas que el compositor le había escrito, podía jurar que habían más cartas de las que él mismo había hecho.

[Soundtrack 14]

Rodri se dio la media vuelta dispuesto a marcharse pero, empuñó las manos y se giró nuevamente para ir directo hacia el actor y tomarlo del cuello de su camisa para besarlo. Pascu dejó caer el paquete de cartas por la sorpresa y, sin darse cuenta, comenzó a ceder a los impulsos de Rodri, atrayéndolo consigo para que este entrara al departamento y, tras cerrar la puerta, acorraló al compositor entre esta y él sin separarse de aquél beso que a cada segundo se hacía más demandante.

—Sólo tú puedes hacer que yo actúe de esta manera —dijo Rodri en voz baja tras alejarse un poco de los labios de Pascu terminando con el ósculo desesperado que le había dado—. Sólo tú puedes hacer que me humille de esta manera y me muestre tan vulnerable ante ti —acarició una de sus mejillas—; sólo tú puedes hacer que mi mundo se vuelva de cabeza y ya no sepa qué hacer con mi vida y... me siento un completo idiota por lastimarte con cada cosa que haga.

—Rodri...

—Con Oli solamente quería recuperar aquella amistad que los dos tuvimos desde un principio pero, mis sentimientos están hechos una completa mierda que lo único que estoy consiguiendo es alejarte de mí nuevamente —colocó una de sus manos sobre la boca de Pascu al percatarse de que este quería hablar—; tampoco quiero aferrarte a mí cuando estoy en un punto tan débil que a la primera tentación he caído sin vacilar. No, te juro que lo último que quiero es lastimarte mucho menos cuando no he sido capaz de perdonarme a mí mismo por todo el daño que te hice en el pasado.

Pascu retiró la mano que Rodri había colocado en sus labios para evitar que hablara, para que de esa manera pudiera envolverlo en un abrazo tan cálido que sólo a él le podía dar.

—Yo igual te estoy haciendo daño, Rodri.

—No más del que yo te estoy ocasionando a ti —se separó del abrazo para verlo a los ojos—: esto no está funcionando.

—¿A qué te refieres?

—Estamos volviendo a caer en el círculo vicioso de autolesión, ¿acaso olvidas cómo estuvimos en nuestro proceso de ruptura?

—No es igual que aquella vez.

—¿Cuánto tiempo más crees que nos tome llegar a ese extremo?

—Rodri...

—Te quiero, Álvaro, pero no me siento digno de ti —del interior del bolsillo izquierdo de su pantalón sacó el anillo de compromiso.

—Es tuyo —dijo al ver que el compositor se lo extendía.

—Nunca lo fue —tomó una de las manos de Pascu y le entregó el anillo—. Fue muy egoísta de mi parte haberme quedado con él cuando ni siquiera soy digno de ti. Sé que dije que daría todo de mí por recuperar aquella historia que los dos habíamos iniciado, pero no puedo hacerlo cuando mi estabilidad emocional está hecha un lío.

Las lágrimas de Rodri ya no podían seguir siendo retenidas en sus ojos y odiaba muchísimo. Detestaba llorar y más aún en presencia de Pascu pues lo último que quería era humillarse mostrándose tan roto ante él pero, en ese momento era inevitable no hacerlo.

—¿Es un adiós? —Preguntó Pascu sujetando con fuerza el anillo que tenía en su mano.

—No quiero pedirte que me esperes, pero tampoco quiero perderte. Yo... no sé... —Pascu no dudó en abrazarlo de nuevo mientras se quebraba en un llanto amargo—. Lo siento...

—Está bien —respondió aferrándose a él—, todo está bien.

🐇 Cap. 25

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