El último show

—Esto no es gracioso, Álvaro.

—No estoy haciendo nada.

De nuevo escucharon aquél ruido, pero por más que buscaran por todos lados simplemente no podían ver nada.

—¿Podemos regresar ya?

—Lo haríamos si no te hubieras desviado del camino.

—¿Ahora es mi culpa?

—¿Quién fue el que arrancó a correr tras escuchar el primer ruido?

—¡Tú igual corriste, Álvaro!

—¡Fui por ti para evitar que te perdieras! ¿Pero qué crees? ¡Nos perdimos los dos!

El ruido nuevamente se hizo presente interrumpiendo su discusión.

—¿Rodri?

—¿Sí?

—Creo que vamos a morir.



*Cinco horas antes*.

—Por fin llegan.

—Lo siento, cierta persona tomó una ruta larga —respondió Rodri bajando de la camioneta.

—No debiste dejar que Javier conduciera.

—Cierra la boca, Alex —mencionó Javier mientras bajaba su maleta del auto.

—Ya tenía tiempo sin escuchar a los dos discutir.

—Ramsés, me alegra verte de nuevo —dijo para darle un abrazo.

—Lo mismo digo, Alex.

—¿Los demás ya llegaron? —Preguntó Rodri.

—Sí. Yo vine con Emily y Mario y tiene como veinte minutos que llegaron Pascu y Helena.

—¿Helena? —Preguntó Ramsés.

—Es la representante de Álvaro.

—Yo diría que es más que eso, Rodri. Cuando llegaron los dos estaban muy acaramelados, algo me dice que ambos se traen algo.

Tras las palabras de Alex los cuatro procedieron a entrar a la cabaña en donde pasarían los próximos tres días de campamento.

Dentro de aquella construcción se encontraban Mario, una chica de cabello rubio y piel pálida (a quién más adelante Alex presentó como Emily), Pascu y Helena.

—Por fin tenemos el gusto de conocernos —dijo estrechando la mano de Helena.

—Así que tú eres el famoso Javier, no te visualizaba de esta forma.

—¿Y cómo?

—Bajito, más delgado y con gafas. —Soltó una pequeña risa—. Eres más atractivo de lo que imaginaba.

—Chicos —llamó Alex—, les diré sus habitaciones. Dormiremos en pareja así que nos dividiremos de esta manera: Emily y Mario, Javier y Ramsés, Helena y yo y por último Pascu y Rodri.

—Espera Alex, quisiera hacer un pequeño cambio —mencionó Pascu—. Quisiera, de ser posible, que sea Helena quien comparta habitación conmigo.

—¿Por qué? —Preguntó Rodri frunciendo el entrecejo.

—Es que me he acostumbrado a dormir con ella.

—Álvaro, tú y yo hemos compartido habitación anteriormente.

—Sí pero eso fue hace cinco años, sería muy incómodo para ambos —fijó su vista en Alex—. ¿Habría algún problema?

—Solo es que Helena esté de acuerdo.

—No tengo ningún problema.

—Perfecto. Rodri, ahora tú y yo seremos compañeros.

—Sí —respondió sin apartar la vista de Helena y Pascu.

Dicho esto, las cuatro parejas se instalaron en sus habitaciones. Minutos más tarde salieron de la cabaña para ir a pescar en el lago que les quedaba a unos metros de distancia.

A vista de cualquier persona todo estaba saliendo de maravilla, pero la realidad era que Rodri había comenzado a sentirse extraño respecto a Pascu. Estaba desconcertado por el hecho de que el contrario haya preferido pasar la noche junto a Helena y ahora mismo, mientras pescaban, los dos se la pasaban riendo y jugando con el agua por no mencionar que la cercanía que ambos tenían era demasiada.

—Hacen una linda pareja.

—¿De qué estás hablando, Ramsés? —Preguntó Rodri con cierta sorpresa en su voz—. Ella es solo su representante y una buena amiga.

—Parece ser más que una amiga desde aquí.

—Pero no lo es —dijo para fijar su vista en el lago.

—¿Qué pasaría si ellos dos terminan juntos?

—¿Por qué haces esa pregunta? —Dijo con cierta irritación.

—Porque si en estos momentos te incomoda su interacción, ¿cómo estarás el día que te digan que tienen una relación?



—Nos daremos un festín con esto —mencionó Mario observando los pescados que habían capturado—. ¿Cómo los cocinaremos?

—Yo me encargo de ello —respondió Emily—. Solo necesito que me ayuden con algunas cosas.

—Rodri —llamó Javier—, ¿por qué no vamos a recolectar un poco de leña para hacer la fogata?

—¡No! —Exclamaron Ramsés y Alex al mismo tiempo.

—Mejor quédate con nosotros, Javier y preparemos algunas bebidas.

—Ramsés tiene razón, los tres somos los bartenders de aquí, no puedes abandonarnos.

—Pero necesitamos la leña y sería demasiado si Rodri va solo.

—Que lo acompañe Pascu —respondieron al mismo tiempo.

—¿Por qué están tan sincronizados? —Preguntó Rodri frunciendo el entrecejo.

—Alex es como mi hermanita, es normal que sincronicemos.

—Dejemos eso de lado. Pascu —el mencionado volteó a ver a Alex—, ¿puedes ir con Rodri a recolectar leña?

—Seguro. Helena, ¿quieres ir?

—En realidad voy a necesitar su ayuda —interrumpió Emily—, si no es mucho pedir que me ayudes a cocinar, claro.

—Por mí encantada de aprender.

—Gracias, Emily —dijo Alex en voz baja.

—Pascu, Rodri aquí los esperamos —los dos asintieron a las palabras de Ramsés—. Esto va a ser más complicado, Alex.

—Lo sé —suspiró—. ¿Y si le decimos a Helena?

—No creo que sea una buena idea —Alex lo miró confundida—. Estoy seguro de que Pascu y Helena se traen algo entre manos.



—¿Por qué regresamos al lago?

—Cerca de aquí hay un poco de leña que nos puede servir.

—¿Cómo lo sabes?

—Exploré como por dos minutos con Helena.

—Claro.

—¿Pasa algo?

—¿Por qué lo preguntas?

—Ese "claro" lo dijiste en un tono ¿cómo decirlo? ¿Irritado?

—No sé de qué hablas —respondió para pasar de largo.

Después de caminar por unos minutos más, llegaron al lugar donde Pascu había visto la leña. Recolectaron cuanto pudieron y se encaminaron de vuelta a la cabaña.

—Helena y tú se llevan muy bien —dijo rompiendo con aquél silencio que se había formado entre ambos.

—Es mi mejor amiga —sonrió—, no sé qué haría sin ella.

—¿Por qué lo dices?

—Se convirtió en parte importante de mi vida. No te miento si te digo que pienso en ella la mayor parte del día.

—Eso ya es un poco obsesivo, ¿no crees?

—Si fuese así, ¿entonces por qué siento mariposas en el estómago cuando estoy con ella?

Rodri se detuvo en seco al mismo tiempo que Pascu hacía lo mismo de frente a él.

—¿Tú sientes qué?

—Creo que me gusta.

Rodri dejó caer la leña que cargaba en brazos.

—¿Estás enamorado de Helena?

—Ella lo está de mí —Rodri lo miró con sorpresa—. Hace un tiempo que ella se me declaró pero sólo la veía como una amiga, así que me dijo que haría todo lo posible por enamorarme —fijó su vista en Rodri—. Creo que está funcionando.

Rodri palideció al escucharlo decir esas palabras, su corazón comenzó a latir rápidamente y cientos de emociones empezaron a hacerse presentes dentro de él.

—Entiendo.

—¿Debo aceptarla? —Rodri se le quedó viendo fijamente—. Hace mucho que no salgo con alguien y no sé si deba intentarlo con ella; ¿tú qué crees que deba hacer?

—¿Por qué me preguntas?

—Porque si me dices que lo intente, en estos momentos iré con ella y le pediré que sea mi novia. Pero, si me dices que me aleje de Helena, entonces lo haré.

—Álvaro, yo no puedo decidir sobre lo que sientes.

—Tú sabes muy bien lo que yo siento.

En ese momento los dos escucharon un pequeño ruido que los puso alerta.

—Regresemos a la cabaña —mencionó Rodri para inclinarse a recoger la leña que había dejado caer.

—Deja te ayudo.

—Tienes los brazos llenos, yo me encargaré.

Nuevamente escucharon aquél ruido pero esta vez fue más fuerte. Rodri se levantó y los dos pasaron su vista por todos lados pero no pudieron ver nada.

Ramas rompiéndose y el sonido de las hojas secas se hacía cada vez más fuerte. Rodri no soportó más la ansiedad y arrancó a correr hacia la dirección contraria a la cabaña, haciendo que Pascu soltara la leña que cargaba para ir en su persecución.

Cuando por fin pudo alcanzarlo y tranquilizarlo, se dieron cuenta de que estaban en un lugar completamente alejado a la cabaña por lo que empezaron a caminar para tratar de ubicarse y regresar con los demás.

—Álvaro llevamos mucho tiempo caminando y parece que cada vez estamos más lejos de volver.

—Tranquilízate, solo debemos encontrar el lago.

La ansiedad de Rodri aumentaba a cada minuto pues no dejaban de escuchar el ruido de las ramas y Pascu también había comenzado a desesperarse.

—¿Podemos regresar ya?

—Lo haríamos si no te hubieras desviado del camino.

Ya habían comenzado una pequeña discusión hasta que la rama de un árbol cayó cerca de donde ambos se encontraban.

—¿Rodri?

—¿Sí?

—Creo que vamos a morir. —Rodri volteó a verlo con una cara de espanto—. Tranquilo, solo estoy jugando.

—¡No es momento para bromas!

—¡Rodri!

La rama del árbol donde Rodri se encontraba estaba por caer encima de él, por lo que Pascu lo empujó haciendo que ambos cayeran rodando en la bajada de aquél sitio.

—¿Estás bien?

—Eso creo.

Pascu había quedado encima de Rodri y en ese instante podían sentir la respiración del otro.

—¿Estás seguro?

—Bueno, si te quitara de encima podría respirar con mayor facilidad.

Ambos soltaron una pequeña risa para después verse fijamente a los ojos. Como si fuera una típica película romántica, ambos sintieron que el tiempo se detenía y quedaron perdidos en la mirada del otro.

¿Hace cuánto que no se veían nuevamente a los ojos?

Las mejillas de Rodri empezaron a tornarse un poco rojas por la cercanía que había entre ambos. Al ver esto, Pascu acarició una de sus mejillas y comenzó a acercar su rostro lentamente a la de él; un par de centímetros era que lo separaba los labios de ambos, podían escuchar cómo los latidos del otro se aceleraban mientras una suave brisa los envolvía.



Helena tapó su boca con las dos manos, completamente sorprendida por lo que Pascu le había contado.

—Hasta me dieron ganas de llorar —suspiró—, pero aún no lo entiendo.

—Es más complicado de lo que crees.

—¿En qué sentido? Tenías el escenario perfecto, todo te favorecía —tomó una de sus manos—. ¿Por qué no lo besaste?

—Porque él me dijo que te diera una oportunidad.

Helena lo miró más sorprendida que antes.

—Pero, dijiste que tu plan había funcionado, que se había puesto celoso a pesar de que ni siquiera hice lo que me pediste.

—Y así fue.

—Entonces ¿por qué te dijo que estuvieras conmigo? —Pascu negó con la cabeza—. ¿Qué vas a hacer?

—No lo sé.

Ambos permanecieron en silencio por unos minutos hasta que Helena se levantó de la cama y se volteó para encararlo.

—Hagámoslo.

—¿Qué cosa?

—Tu plan, haré lo que me pediste.

—Helena —se levantó de la cama—, ¿por qué?

—No me trago el cuento de que te haya dicho que estuvieras conmigo así nada más. No se hubiese puesto celoso, Álvaro.

—¿Y crees que esto cambie las cosas?

—Más vale que sí porque no me agrada la idea de hacerlo —suspiró—. Si queremos que esto funcione, vamos a necesitar ayuda.

—¿De quién?



—¿De quién fue la idea? —Preguntó Alex a lo que Helena señaló a Pascu—. No va a funcionar.

—¿Por qué?

—Sentido común, Pascu —respondió Ramsés—. Si te dijo que estén juntos, va a ignorar esto por completo.

—Pero Rodri pudo haberlo dicho para evitar que Álvaro lo besara.

—¿Cómo un método de escape?

—Si lo ves de esta forma, Helena tiene razón —comentó Alex—. Si Pascu ya le había planteado una supuesta relación, no iba a interferir.

—Y se vio afectado al verlos interactuar —Ramsés se cruzó de brazos—. ¿Están seguros de querer hacerlo?

—No —respondió Helena—, pero si de esta manera Álvaro estará más cerca de él, entonces lo haré.

—¿Se te ocurre una forma? —Preguntó Pascu a Alex.

—Por supuesto que sí.



Al día siguiente los chicos fueron a una pequeña expedición durante la tarde y en la noche se la pasaron perfeccionando el "plan de pánico" como le habían puesto y como tal lo llevarían a cabo la noche siguiente siendo esta la última que pasarían en la cabaña.

—No puedo hacerlo —mencionó Helena cubriendo su cara con ambas manos.

—Tranquilízate un poco —dijo Ramsés— y trata de que salga lo más normal y casual posible.

—Lo intento pero simplemente no puedo.

—Si no puedes, la otra opción es que lo haga Alex. De hecho los dos tienen una excusa para hacerlo.

—Sí, Ramsés, pero la cuestión es que en estos momentos Rodri está celoso de Helena, conmigo no va a funcionar.

—Entonces cancelamos el plan.

—¡No! —Exclamó Helena—. Sólo necesito concentrarme, esto va a funcionar.

Al caer la noche, tras haber hecho una fogata y haber contado algunas anécdotas, decidieron ejecutar el plan.

—No hablas enserio —dijo Javier al ver a Alex colocar una botella en el centro.

—Será divertido, además tú elegirás si la otra persona confiesa o hace un reto.

—Yo empiezo —dijo Emily para girar la botella.

Después de dos rondas había llegado el momento decisivo por el que hicieron el juego.

—Mi turno —Ramsés giró la botella y, tras haber practicado durante el día, hizo que la botella se detuviera señalando a Helena—. Será reto.

—¿De qué se trata?

—Tendrás que besar a alguien y dejaré que tú lo elijas.

—Espera —interrumpió Alex—, ¿qué clase de beso?

—Francés —los demás comenzaron a hacer bulla tras su respuesta—. ¿Y bien? ¿A quién eliges?

—A él.

Helena pasó uno de sus brazos detrás del cuello de Pascu (quien estaba a su lado) y con la otra mano lo tomó del mentón para besar sus labios con entusiasmo. Pascu correspondió al beso del mismo modo sujetando a Helena de la cintura haciendo que los demás aumentaran sus gritos de emoción al verlos. Sin embargo, Rodri permaneció estático al verlos y poco a poco pudo sentir cómo su temperatura había aumentado.

Sin decir una palabra Rodri se levantó completamente enfurecido por la escena que había presenciado, ¿cómo era posible que Pascu se haya besado con Helena frente a sus ojos?

—Rodri —llamó Alex.

Al voltear se dio cuenta de que la botella apuntaba hacia él. Helena la había girado mientras él se levantaba e inundaba su mente con cientos de preguntas, pero aquella molestia que sentía se esfumó de inmediato al escuchar a la mujer que tenía enfrente.

—Te reto a besar a Álvaro.

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