Dos palabras | Capítulo 05. Maullido.
Siete de la noche, el sol terminaba de ocultarse y el alumbrado público encendió sus luces para que la oscuridad no cubriera las calles de la ciudad. Moblit y Hange caminaban casi arrastrando los pies debido a que su día en la universidad había sido demasiado pesado al grado de haberles quitado toda su energía, tan solo querían llegar a su departamento y acostarse a dormir hasta el día siguiente.
—¿Qué tal tus correcciones de tesis?
—Estoy por mandar todo a la basura —respondió la joven para acomodarse sus gafas—, ¿tú cómo vas?
—Arrepentido de estudiar una carrera.
Los dos dejaron salir un largo suspiro para continuar con su andar, doblando en la esquina a la que habían llegado para entrar a una pequeña privada que los llevaría a su hogar.
—¿Escuchaste? —Preguntó Hange deteniendo su andar—, era como un...
—Maullido —completó Moblit al escuchar también aquél sonido que no tardó en localizar—. Dime que no es lo que yo creo.
Hange se acercó a la caja de cartón que Moblit le había señalado.
—Por desgracia, sí —de la caja sacó un gatito de no más de dos meses—. Son dos y se ven muy mal.
—Hay una veterinaria a dos esquinas de aquí, sé que cierran hasta las nueve, podemos llevarlos para los revisen.
—Y los dejaremos ahí, ¿cierto?
—Les buscarán un hogar —Hange volteó a verlo con una expresión que Moblit no tardó en reconocer—. No, olvídalo.
—Por favor, están chiquitos.
—Ni siquiera podemos cuidar bien de nosotros.
—Pero ellos no tienen a nadie y además, son gatitos, ellos son muy independientes, solo tenemos que estar pendientes en lo que crecen.
—Hange...
—Por favor.
Moblit no pudo resistirse a los ojos de súplica que la joven le hacía.
—Bien —suspiró—, tú ganas. Los adoptaremos.
Pequeños maullidos se podían escuchar en aquél departamento. Los dos gatitos de pelaje café con blanco fueron recuperándose poco a poco del mal estado en el que fueron encontrados y, aunque Moblit seguía dudando en si fue buena idea haberlos adoptado, no tardó en que los dos mininos se robaran su corazón.
—Sawney y Beane, esos serán sus nombres.
—¿Por qué llamarlos así?
—Me gustan los nombres —Hange tomó a uno de los gatitos para verlo a los ojos—, ¿tú qué dices? ¿Quieres llamarte Beane? —Le preguntó obteniendo un maullido como respuesta— A él le gusta su nombre.
—Dudo mucho que sepas idioma felino —respondió Moblit para fijar su vista en el gatito que tenía sobre sus piernas.
—¿Qué pasa?
—Está temblando —abrazó al gatito—, no me gusta esto, lo llevaré a la veterinaria.
—Te acompaño.
Salieron corriendo de su departamento, tratando de mantener en calor al gatito en lo que llegaban al edificio. Una vez ahí, pidieron ayuda y el médico comenzó a examinarlo, percatándose de que el gatito no dejaba de temblar y ya había comenzado a llorar.
—¿Qué es lo que tiene? —Preguntó Moblit.
—Cuando lo trajeron a él y a su hermano hace una semana, les dije que posiblemente se hayan mojado en la lluvia porque sus pulmones estaban algo débiles aunque en las radiografías que les hicimos salió sus órganos estaban bien desarrollados, sin embargo —fijó su vista en el gatito— él es el que estaba más afectado.
—¿Pero estará bien?
—No quiero darles falsas esperanzas —comentó el doctor—. Haremos todo lo posible por mantener el calor en su cuerpo y ayudar a que su respiración pueda fluir, pero quiero que tengan en cuenta que hay una probabilidad del cincuenta por ciento de que no se salve.
Hange tomó con fuerza el brazo de Moblit mientras procesaba lo que les habían dicho; al verla de esa manera, Moblit la llevó con él a la sala de espera para que se pudieran sentar y hablar sobre lo que pasaría.
—Se va a salvar, ¿cierto?
—Escuchaste al doctor.
—Moblit, no quiero perder a Sawney, es solo un cachorro —dijo con la voz entrecortada.
—Tenemos a Bean.
—Pero...
—En lo que esperamos a que Sawney se recupere, no podemos descuidar a su hermano, ¿me entiendes? Ambos nos necesitan.
Hange asintió dejando que un par de lágrimas resbalen por sus mejillas, razón por la que Moblit decidió abrazarla para consolarla. Solo habían pasado unos días con esos gatitos pero ambos se habían encariñado con ellos, sobre todo Hange que deseaba con el alma tener una mascota y por diversas cuestiones no había podido tener una, así que cuando Sawney y Bean llegaron decidió protegerlos con su vida y en ese momento se sentía terrible al saber que posiblemente perdería a uno de ellos.
Durante tres días Sawney estuvo dentro de una incubadora y en constante observación para ver si había algún avance con él, siendo los días más difíciles para Hange que no había dejado de llorar por su pequeño gatito, siendo Moblit quien la consolaba y trataba de animar para que pudiera estar bien en espera de nuevas noticias.
No fue hasta el quinto día que el doctor les dijo que Sawney había tenido un gran progreso y que sus probabilidades de salvarse ya habían aumentado, noticia que alivió por completo a la pareja que esperaba con ansias la recuperación de su mascota.
—Bean ya quiere que estés en casa para jugar contigo —le dijo Hange a su gatito que seguía en la incubadora—, así que tienes que seguir recuperándote para que podamos irnos de aquí.
—Vamos, Sawney, todavía debemos ganar la discusión con Hange sobre tu nombre —comentó Moblit haciendo reír a la chica—. Pronto lo tendremos en casa —le dijo a Hange al abrazarla de medio lado.
—Rezo porque sea así —respondió secando la lágrima que había derramado—. Gracias por consolarme.
—Para eso estoy.
Los dos se vieron a los ojos y Moblit se acercó a ella para darle un beso en la frente y continuar abrazándola mientras veían a su gatito despertar de su sueño y soltar un pequeño maullido.

