Vuela lejos, Hange.
Sabíamos que tarde o temprano nuestro fin llegaría, pero no creí que sería yo el que terminaría viendote partir.
¿Por qué decidiste marcharte así?
—Lo entiendes, ¿verdad?
Escucharte decir esas palabras ahora, fue lo más horrendo que pudo haberme pasado. Esas palabras son las que un día me dijiste que usarías cuando llegue el momento en que morirías; al principio creí que sería algo patético escucharte decirlo pero, en realidad me dolió en lo más profundo de mi ser porque estaba a punto de ver a mi última compañera morir.
—Por fin ha llegado mi hora.
<<Ya cállate, Hange>>.
—Quiero hacer un acto genial.
<<Ya basta>>.
—Por favor...
<<No...>>
—Déjame ir.
En verdad eres un tonta al pedirme que te dejara cuando sabías perfectamente que no era capaz de despedirme así. ¡Eres un tonta, gafas de mierda! ¿Por qué me dijiste eso tratando de tener una sonrisa en la cara? ¿Por qué pusiste la misma expresión que solías hacer cuando me pedías que te ayudara con tus estúpidos experimentos? ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué quisiste que te viera por última vez así?!
—Levi... —llamaste en voz baja y tu expresión cambió ligeramente a una desesperada.
No podías irte sin que yo aceptara tu decisión, ¿verdad?
¿Qué podía decirte en un momento cómo este? ¿Qué sería lo último que podría decirte? ¿Cómo podría despedirme de ti?
—Entrega tu corazón —te dije al fin.
—Creo... que es la primera vez que te escucho decir eso —me respondiste con un pequeña sonrisa.
No... no es eso lo que en verdad te quería decir... no es eso lo que yo...
—¿Levi?
Me acerqué a ti colocando mi mano sobre tu corazón, tratando de decirte mis últimas palabras pero...
<<Lo siento>> pensé mirándote fijamente, sintiendo cómo las lágrimas querían salir pero las contuve y aún así, traté de decírtelo con tan solo verte y por la expresión que pusiste estoy seguro de que me entendiste.
Me alejé de ti sin decir nada más y tú te preparaste para partir. Si te hubiera dicho esas palabras, ¿algo hubiera cambiado? Si tan solo te hubiera detenido, si me hubiese negado a que siguieras ese destino...
—No mueras, por favor —dije en un susurro lo que no fui capaz de decirte de frente.
Te veía pelear y te vi caer... te estaba viendo morir. ¿Por qué contigo tuvo que ser igual? He visto a mis compañeros perecer todo este tiempo pero a ti... a ti nunca quería verte así; no quería verte partir, ¿cómo podría afrontar una pérdida tan grande como pasó con Erwin? ¡Los dos fueron unos idiotas! Siempre tomaron decisiones precipitadas y verlos partir es igual a morir para mí.
¿A cuántos más tengo qué ver partir?
—Aún tienes una misión por cumplir —me dijiste aquella noche mientras servías un poco de sopa para mí—, esta alianza te ayudará a terminar con ello.
—¿Por qué estás tan convencida?
—Tengo una corazonada.
—¿Y aún la mantienes después del desastre que acaba de ocurrir? Jean se fue y no sabemos si volverá.
—Lo hará, estoy segura de que así será —te acercaste a mí—; también estoy segura de que podrás cumplir tu promesa, solo espero poder estar ahí para verlo.
—¿Por qué no estarías?
—Nada está escrito —me respondiste con una sonrisa de medio lado—. Lo único que sé es que cuando cumplas la promesa que le hiciste a Erwin, podrás descansar en paz.
—¿Y tú cuándo lo harás?
—Cuando llegue el momento... quizás antes de ti.
¿Acaso sabías que esto iba a pasar?
En estos momentos recuerdo perfectamente aquél soloquio que recitaste en la noche mientras nos escondíamos y tratabas mis heridas.
—Preferiría que los dos viviéramos aquí.
Qué más nos quedaba, ¿cierto? Soñábamos con una vida ideal, donde hubiera paz y tranquilidad; en algún momento, en verdad deseaba pasar mis últimos momentos a tu lado, pero todo terminó siendo al revés. Las cosas cambiaron repentinamente y aún me cuesta aceptar este desastre.
—¡¡¡Hange!!!
Los gritos de los mocosos me hicieron volver a la realidad, aquella pesadilla no iba a parar y te adelantaste a ese lugar.
¡¿Por qué me dejaste, Hange?! ¡¿Por qué no esperaste a que solucionáramos esto juntos?! ¡¿Por qué me dejaste también?! Me siento vulnerable en estos momentos, no me sentía así desde que perdimos a Erwin pero, tú... tú eras mi soporte, ¿cómo pretendes que me mantenga en pie sin tu presencia?
Entre los dos logramos salir adelante, nos estuvimos apoyando para que ninguno de los dos cayera en el camino, nos cuidamos mutuamente mientras conocíamos el nuevo mundo y prometimos que regresaríamos con vida tras rescatar al idiota de Eren, ¿por qué no pudimos mantener esa promesa hasta ahora? ¡¿Por qué, gafas de mierda?!
—¿Crees que todos nos estén viendo?
Sabía perfectamente que hablabas como él y no me equivocaba al respecto, solo que no quería aceptarlo y por eso te pedí que te callaras pero fue en vano.
—Hasta pronto, Hange —dije sintiendo una presión en el pecho.
Sé que pronto nos volveremos a reencontrar y tal vez pueda ver igual a los demás. Solo me queda reprimir estas ganas inmensas de gritar tu nombre ante la pérdida, sintiendo que todo se viene abajo mientras se forma un nudo en mi garganta, porque perderte a ti, mi compañera, amiga y lo que podría llamar familia es algo que no quería que sucediera.
Estúpida cuatro ojos, lo conseguiste al fin, eres libre y ya no tienes ninguna preocupación. Tu muerte no será en vano, es una promesa que te hago y mientras llega el momento en que igual parta de este mundo, vuela lejos hasta alcanzarlos.
Disponible también en:

